Ad Hominem
Abril 17, 2008 por babyzapata
Por Sergio Zepeda de Alba
No oculto mi desagrado por José Prats Sariol. Perdón, soy consciente del eufemismo: confieso que aborrezco a José Prats Sariol. Lo digo así, al principio; debe quedar claro que no separo al hombre de lo que escribe, o dice que escribe. Y no lo separo porque lo conozco.
De entrada, tendría que haber algo sospechoso con alguien que se dice heredero de Lezama. Pero yo soy muy imbécil y sus desplantes me parecían normales, propios de un escritor cubano de sesenta años.
“Mi compadre Lezama”, decía Prats, y se alzaba como un gallo que es más bien sapo. Prats infla los cachetes, mientras explica: “El Curso Délfico: Obertura Palatal, Horno Transmutativo, Galería Apóretica. Yo iba en las tardes a casa de Lezama”. Quiere ser el último lector exégeta de José Lezama Lima. Y ahora, después, Lezama parece el más indicado para explicar el método educativo de Prats. Enseña una foto, habla de “la casa en Trocadero 162″ y describe los, ay, “años terribles” de “su compadre”. Ahora, después, pienso en las clases de Prats como “auténticas naderías de una didáctica cabezeante”. Por eso no puedo separar al supuesto crítico literario de la persona: José Prats Sariol me parece un farsante.
José Prats Sariol navega con bandera de católico y disidente. Hace unos días, escribió sin titubear:
“¿Cuál de los delegados al congreso de la UNEAC, cara a cara con Raúl Castro, pidió la liberación de los presos de conciencia que se corroen en las cárceles?”
Yo le pregunto a José Prats Sariol (quizá no cara a cara pero sí pluma a pluma) por qué censuró a un periódico estudiantil. ¿Por qué sus textitos sermoneriles en CubaEncuentro si cometió el peor acto que puede cometer un intelectual (Palou dixit)? Dígame, porfavor, José Prats, desde dónde y con qué autoridad toma el púlpito. Salió de Cuba a los cincuenta y tantos años con dos maletas y unos dólares, pero acabó como sus mercenarios compatriotas del Ministerio de Cultura.
Usted sabe de Retórica y conoce la importancia del ethos en el orador, así que no puede reclamarle a los miembros de la UNEAC, porque usted, José Prats Sariol, es como ellos.
¡Auch! Hasta a mi me dolió…