Hallarse pronto entre los pliegues
íntimos del verde,
entre la menta
y el sabor helado de las hojas,
entre el musgo y la luz
de una mano en la distancia
apenas sobre el agua:
(La mano que atraviesa aquel espejo,
la piel que se anticipa,
¿la misma en su temblor de árbol?)
en el bosque aflora esta inquietud
de ola,
un verdor entrelazado a contraluz.
Estoy en el arbusto,
avanzo entre las hojas,
tiemblo en los silencios que se agrietan
verdes en su fuego de mañana.
Sale del baño para entrar en la esmeralda
habitación a medialuz:
estatua, pedrada oscura que desciende,
de pronto se perfila
y la cama es un bosque de memorias
que espiamos una noche en San José.
Fuimos a encontrar colores,
corcéles cabalgantes en el líquen
y un aliento en el aliento del quetzal.
Fuimos, lejos del mezquite y del ipé,
a caer en este jade inquebrantable.
Y la selva se aparece en tus rodillas
acantiladas,
y el río se refugia en su misterio,
de agua.
Nado hacia ti desde mi hueco.
Copyright SZA 2010